Monday, November 9, 2009

Cuba: Algo más que un simple Chancleteo



por Haroldo Dilla Alfonso


El sistema político cubano se llena de incidentes que indican tanto las inquietudes sociales subyacentes como la arrogancia intolerante de su clase política y sus intelectuales subsidiarios. Y van marcando algunos tonos de una sociedad netamente post-revolucionaria.

Chancleteo en Cuba hace alusión a una discusión de baja estofa, de malos modales, carente de la elegancia que los intelectuales gustan presumir. Es, por supuesto, una referencia elitista y arrogante, toda vez que la chancleta es la prenda de calzado ligero que usan los habitantes de las inmensas cuarterías habaneras, donde vive la gente más pobre y menos educada. La chancleta y el chancleteo son regularmente subproductos sociales de las clases populares, justo las que los intelectuales estudian y dicen admirar como signos de la cubanidad, pero de lejos.

Ahora sucede que un conocido intelectual cubano, director de la prestigiosa revista Temas, ha llamado al debate critico que promueven los blogueros cubanos –regularmente ubicados fuera de lo “políticamente correcto” en el sistema cubano- un “ciberchancleteo”, y en consonancia ha endilgado a sus sostenedores el epíteto de “chancleteros”. Lo hizo en una universidad de Miami, donde nadie lo atacó y todo el que quiso pudo entrar y opinar respetuosamente.

La respuesta de los blogueros no se hizo esperar y un grupo de ellos intentó entrar a un debate sobre internet organizado por la revista Temas en La Habana. El debate había sido anunciado como público, pero el acceso les fue prohibido. Solamente uno de los blogueros pudo entrar, pero fue la persona más conocida entre ellos: Yoani Sánchez. Entró teatralmente disfrazada, arremetió fieramente contra los argumentos oficiales que ligan la falta de acceso a internet con el bloqueo/embargo y revalidó orgullosamente la condición de chancletera como parte de su origen popular habanero. Lo que se llama en el béisbol dar nueve ceros.

Sin lugar a dudas como viene haciendo desde hace meses, Yoani ganó. Ya lo hizo cuando interpeló públicamente a la hija del General/Presidente durante una charla creo que en el Museo de Bellas Artes, a Mariela, la relacionista pública del Clan Castro, y la obligó a repetir tonterías sin sentido durante algunos minutos. Y luego, lo que fue aun peor, a escribir una carta descalificando a su contrincante con la usual perorata sobre los “mercenarios al servicio del imperialismo”. Ahora Yoani batió al director de la Revista Temas, quien fue obligado a circular por internet una nota diciendo que donde dijo “Diego” quiso decir “Digo”, al mismo tiempo que recibía todo tipo de desaprobaciones e insultos desde el ciberespacio de los exiliados cubanos, que es, como casi todo lo que tiene que ver con Cuba, polarizado y exaltado.

Desde mi punto de vista, quitando los arrebatos pasionales del medio, lo que ha sucedido ahora, como lo que sucedió cuando Yoani interpeló a Mariela Castro, es un ejemplo de que la sociedad cubana transita por una fase final de su etapa post-revolucionaria, es decir una fase en que la revolución (terminada esencialmente en 1965 y agotados sus efectos desde 1990) deja de ser siquiera una referencia temporal y se dibujan escenarios que incluso prescinden de los octogenarios que, en cama o de pie, siguen tratando de gobernar a la sociedad, cada vez con mayores dificultades. Tanto la revista Temas como el famoso blog de Yoani son productos culturales post-revolucionarios como también lo es aunque no me detengo en ello ahora, la hija del miasmático general/presidente cubano. Solo que lo son de diferentes maneras, y es posible que también imaginen de maneras diferentes al mejor de los mundos posibles.

El director de la revista Temas es un sólido intelectual cubano, que tiene a su haber méritos innegables como han sido colocar en el debate intelectual nacional temas relevantes, romper obstáculos para la comunicación con la academia norteamericana y mantener un espacio tan importante como la propia revista Temas. Y lo ha hecho siempre desde un sofisticado eclecticismo teórico donde el marxismo nunca fue un ingrediente importante. Esto último lo convirtió en un socio dilecto de la academia norteamericana y cubanológica, y por ello ha entrado exitosamente en la élite cultural cubana pero también ha pagado sus precios. Y quizás el precio mayor que paga es ser parte de ese pacto político que se condensa en la UNEAC y en el Ministerio de Cultura y que otorga a los intelectuales adscriptos el derecho a viajar, hacer dinero, decir algunas herejías y tener una dirección electrónica, a cambio de que no transgredan ciertos límites, y en especial de que no intenten trasladar sus patéticos privilegios al resto de la población cubana.

Al atacar a los blogueros y al debate que promueven, el director de Temas paga un peaje de fidelidad política implícito en el pacto que el conoce bien. Pero al mismo tiempo defiende el espacio crítico y analítico de su negocio intelectual, al que promueve en cuanto lugar visita como una revista pluralista, libre y abierta a todas las tendencias, una suerte de ensoñación post-revolucionaria que logra capturar el ingenuo corazón de la academia liberal norteamericana que anida en instituciones como LASA.

Yoani, por su parte, es una construcción permanente. Se construye ella misma con una habilidad y un coraje sorprendentes, un día mostrando la humildad de la Madre Teresa de Calcuta, y al siguiente la agresividad mística de Juana de Arco, según las circunstancias. La construyen sus detractores, endilgándole epítetos tan procaces y ofensivos que mueven a la simpatía con la agredida aún cuando no estemos de acuerdo con ella. Y la construyen quienes la dotan de un blog transnacional y la llenan de medallas internacionales (en su mayor parte provenientes de la derecha mundial, personeros de Ratzinger incluidos) que sin lugar a dudas pudiera merecer su talento en el futuro, pero por el momento no su obra.

Yoani Sánchez es la figura emblemática de un nuevo tipo de oposición política que da aire a los agotados disidentes tradicionales. Su blog es leído por miles de personas, aunque imagino que muy pocas de ellas son cubanas que viven en Cuba, donde el acceso a internet es un ave rara. Sus mensajes son de una simplicidad dulzona y una redacción nada memorable, pero reconozco que Yoani no escribe para mí, ni creo que le interese hacerlo. Sus temas, que recrean difusos escenarios de vida cotidiana, van dirigidos a una juventud intoxicada de consignas políticas trascendentales y que aspira a un lugar más discreto durante sus breves pasos por el planeta. No promete futuros brillantes, sino presentes hedonistas. No escribe para el intelecto, sino para la emoción. Su mensaje es genuinamente post-revolucionario.

Pero en este “chancleteo” Yoani rescata dos ideas que son vitales para el futuro de Cuba. Ante todo, el derecho de ella, de sus amigos y amigas blogueros y de los varios millones de cubanos (exiliados incluidos) a vivir en su país, opinar libremente y obrar en consecuencia. En segundo lugar, el deber que tienen los que detentan las posiciones de poder a abrir los espacios públicos a todas esas opiniones, sobre todo cuando esos mismos funcionarios han usado espacios públicos –en este caso nada más y nada menos que una universidad de Miami- para descalificar torpemente a quienes ya sufren la represión y la estigmatización de ese poder.

No creo que el director de Temas haya dicho nada digno e inteligente, y francamente no creo que pueda decirlo en esta coyuntura. Quizás sea el momento para recordar que en la política, como en la música, el silencio tiene un valor. Y seguir haciendo su valiosa revista Temas, aunque Yoani no pueda publicar en ella.

Ni yo tampoco. Con la desventaja que yo no tengo un blog anunciado en 13 idiomas.

Monday, October 5, 2009

Contradicciones que resolver



Por Lorenzo Cañizares y Rolando Castañeda
Antes de iniciar un movimiento hacia adelante sobre el porvenir de nuestra patria con la buena voluntad de la mayoría de nuestros compatriotas, el gobierno cubano tiene que decidir cómo se enfrentará al futuro. En las pasadas celebraciones del 26 de julio en Holguín se veían las figuras de Fidel y Raúl Castro con los brazos extendidos hacia al cielo bajo las palabras “La vigorosa y victoriosa revolución se mantiene marchando hacia adelante.” Obviamente, esto es un residuo de la intransigencia y triunfalismo irrealista del “socialismo real” que todavía permea la mente de muchos en la dirigencia política del país. Esa actitud está en franca contradicción con el reconocimiento por el presidente Raúl Castro sobre la realidad en que se encuentra la economía nacional.
Raúl Castro ha culpado la mentalidad existente dentro de la isla por la cual “Dos más Dos son Tres” como criterio esencial de los problemas que enfrenta Cuba hoy en día. Nosotros estamos de acuerdo con la candidez expresada por Raúl. Los problemas existentes tienen esencialmente que empezar a ser resueltos con realismo y pragmatismo dentro del gobierno cubano. Esa resolución y actitud puede proveer el entusiasmo necesario, particularmente a la juventud, para enfrentar las serias dificultades que enfrenta nuestra nación que han sido acentuados por las huracanes del 2008 y la crisis mundial del 2008.2009, pero que también tienen otras causas como planteó Raúl Castro el 26 de julio del 2007.
Como lo han analizado muchos intelectuales y académicos de la isla, estamos de acuerdo que Cuba tiene que cambiar el viejo modelo imperante llamado “Socialismo Real” hacia uno que permita atender y satisfacer adecuadamente la multitud de problemas de la población que un sistema dogmático, intransigente y burocrático ha creado. Este sistema todavía mantiene las características del antiguo modelo soviético, cuyo estado tenía el control total de la economía, centralizando los recursos y las decisiones y fijando unilateral y caprichosamente los precios y los salarios.
Tal vez esta reflexión nos lleva a considerar la principal razón por la cual se pospuso el Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC). No cabe duda que la paupérrima situación económica es la causante, pero vale la pena explorar que existe un quebranto dentro del Partido. En momentos cuando el país necesita un liderato decidido, creativo y eficiente, todo parece indicar que el PCC está sufriendo una crisis ideológica y de definición estratégica dentro de su seno que impide encarar con decisión un desarrollo nacional eficiente.
¿Qué hay detrás de esa diferencia ideológica y de definición estratégica? En primera instancia, están los seguidores del “Socialismo Real” los cuales se apoyan en esa visión para asegurarse del control político y burocrático, mientras siguen disfrutando de privilegios que no están al alcance de la población, a pesar de carecer de un plan estratégico que combata los problemas económicos que el país enfrenta y sufre la población. Por otro lado, están los que reconocen los problemas y están dispuestos a tomar los riesgos de mejorar la economía nacional mediante la adaptación de métodos económicos más inclusivos, participativos y descentralizados, ya exitosos en otros países socialistas como China, Vietnam y Laos.
¿Dónde estamos? De acuerdo al gobierno cubano, se celebrará posteriormente una conferencia nacional para elegir un nuevo liderato en el PCC que incluirá su comité central, el politburó y los secretariados para planear el nuevo congreso.
Según la visión de Raúl Castro, la transformación económica que Cuba necesita sólo podrá ser concebida estudiando las mejores experiencias del resto del mundo, y tomando como referencia el ejemplo establecido por los modelos chino y vietnamita. Y también nos recuerda que él fue elegido para defender, mantener y continuar perfeccionando el socialismo, no para destruirlo.
El distinguido y sensato economista cubano Oscar Espinosa Chepe, quien estuvo preso varios años en la isla, señala al dirigirse al presidente cubano Raúl Castro “El problema no radica en pedir opiniones sobre un discurso realista (refiriéndose al que Raúl pronunció el 26 de Julio de 2007), entonces esperanzador, para después engavetarlas. Se necesita un debate efectivo, donde participen todos los ciudadanos, comunistas y no comunistas, creyentes religiosos y no creyentes; un debate sin exclusiones en el que puedan participar los compatriotas residentes en el extranjero que también tienen deberes y derechos como cubanos. Un debate para elegir el modelo de sociedad democrática que requiere con urgencia el país. Sin esquemas preconcebidos y gastados, sin prejuicios aburridos, que responda a los tiempos en que vivimos, para sentar las bases para una sociedad “con todos y para el bien de todos.”
El presidente cubano frecuentemente hace mención de las dificultades que sufre el pueblo cubano por el embargo. Asimismo se ha expresado con agrado sobre la reanudación de las conversaciones sobre la migración que fueron suspendidas durante la administración de Bush. También han sido muy promisorias las visitas a Cuba del gobernador de New Mexico Bill Richardson y de la subsecretaria de asuntos hemisféricos de Departamento de Estado Bisa Williams.
El embargo continúa siendo un arma de doble filo donde ambos lados pierden. Por ejemplo, Estados Unidos pierde la posibilidad de incrementar la venta de sus productos agrícolas, tales como arroz, trigo y soya que son vendidos por países como Canadá, Argentina, Brasil aun más lejos. Cuba pierde la posibilidad de comprar a un país que se encuentra 90 millas de sus costas.
Políticamente hablando, el mantener una postura de oposición al embargo logra que muchos dentro de la isla comprendan y reconozcan que no todos los cubanos de la diáspora tenemos una posición hostil y de aislamiento y que tenemos un claro deseo de participar en la reconciliación nacional y en el desarrollo del país. Por consiguiente, eso ayuda a que empecemos a romper los muros que nos separan y que impiden que comencemos a trabajar juntos en asuntos de común interés que tarde o temprano habrá que enfrentar.

*Lorenzo Cañizares es sindicalista cubano-americano. Especialista de Organización para la Pennsylvania State Education Association. Reside en Harrisburg, PA.
Rolando Castañeda es economista cubano-americano. Funcionario retirado del Banco Interamericano del Desarrollo. Reside en Washington, D.C.

Saturday, October 3, 2009

El Concierto de la Concordia



Ariel Hidalgo
“Es hora de cambiar la mente de todos: el odio por amor”, cantaron en dúo Juanes y Miguel Bosé delante de más de un millón de cubanos -más que cualquiera de las concentraciones políticas multitudinarias de los últimos cincuenta años en esa misma plaza-, que aplaudían, alzaban sus brazos, gritaban, bailaban, reían y lloraban, todo un pueblo que esta vez no acudió por amenazas, ni con doble moral, ni forzados en ómnibus desde centros de trabajo, sino movidos de ardiente entusiasmo. Se habló de perdón, de libertad, se proclamó que la familia cubana era una sola, y se pidió a la juventud que no tuviese miedo. Frases como éstas estremecieron a muchos cubanos que escuchaban tanto en la plaza como frente a sus televisores, tanto en Cuba como en la diáspora. Por el celular recibí este texto desde Ecuador: “Estuve todo el tiempo llorando como una boba”. Era mi hija. Y una amiga que el día antes había rechazado el proyecto Paz sin Fronteras, expresaría tras el evento, aún bajo los efectos de la impresión: “Confieso que me equivoqué”.

La discordia quedó sólo para pequeños grupos de ambas orillas del Estrecho: aquellos que insultaron a los organizadores y rompieron discos con martillos y aplanadoras, y esos otros que, contando con la fuerza, intentaron imponer barreras y amenazaron con la cárcel a numerosos disidentes. “Medidas preventivas”, decían, cuando la más eficaz de las prevenciones era no haber frustrado los anhelos y esperanzas del pueblo. Una vez más se demuestra que la solución cubana no viene por los abruptos senderos de la política. Si sólo sabes de política, ni de política sabes. Los gobiernos pueden cambiar las instituciones, pero el amor y el odio no pueden ordenarse por decreto. Y todo lo que se construya que no tenga cimientos en el alma de los pueblos, será tan endeble y efímero como el rocío del amanecer que se evapora con el sol y el viento.

En cambio, los artistas participantes de diversos países y la marejada de pueblo que colmó la inmensa plaza, traspasaron la epidermis del conflicto hacia las verdaderas raíces de la realidad, la conciencia colectiva, el alma nacional, para quedar estrechamente conectados por invisibles lazos y vibrando con las palabras mágicas de paz y perdón. Juanes y los demás artistas invocaron lo único que podrá salvar al pueblo cubano: el amor. Así se demostró que la causa de la libertad de Cuba, defendida por los políticos, cuyos caminos tropezaban con muros insalvables, puede ganar terreno por vías subterráneas, y esto pueden lograrlo los músicos y los poetas.

La gran plaza era el lugar ideal. Era preciso comenzar por ahí la sanación del alma nacional, llevar a cabo el gran exorcismo: tornar las malas vibraciones de odios y rencores en otras de reconciliación y fraternidad. Y lo que había que pedir era justamente lo que se pedía, paz, porque hay contiendas silenciosas no declaradas de las que no se dan partes de guerra, pero que los pueblos sufren a veces por décadas y, como en nuestro caso, medio siglo. La libertad es fruto que sólo da el árbol de la paz. Sin paz no hay libertad. Cuando hay guerra, aunque no atruenen cañones, ni sangre se derrame, pero el clima sea de miedos y tensiones, de insultos y amenazas, las excusas germinarán para coartar todas las libertades, como mala yerba en torno a la buena simiente. Incluso las pretendidas libertades que supuestamente generan las llamadas guerras de liberación, aun con todas sus justificaciones, nunca son reales ni duraderas. Detrás siempre llegan nuevos conflictos y otras dictaduras. La guerra más victoriosa es aquella que puede evitarse, aquella que no se libra jamás, no sólo victoriosa para quienes podrían ser vencidos en caso de estallar, sino incluso para los posibles “vencedores”. Porque en ninguna guerra hay victorias, sólo derrotas. La verdadera batalla tiene que darse en el corazón de los seres humanos, y así se entiende el reclamo de Olga Tañón: “Los soldados somos nosotros, pero soldados de la paz”.

Y al igual que paz sin fronteras, debe haber amor sin fronteras, hermandad sin fronteras, solidaridad sin fronteras. Y deben celebrarse conciertos entre cubanos de ambas orillas allá y acá, y también de ambas orillas, encuentros de académicos, de escritores y deportistas -¿por qué no imaginar también “deportes sin fronteras” compitiendo en juegos de la amistad?-, hasta que los muros se derrumben y políticos y gobiernos no puedan seguir manipulando a los pueblos y tengan que ceder ante el paso arrollador de la reconciliación. Quizás entonces podrán juntarse, en un inmenso coro, todas aquellas voces de allá y de acá que no pudieron estar presentes. Y luego hacer, cual símbolo de un pacto entre los hermanos hoy en disputa, un arco iris con todos los colores del diapasón cubano ya en perfecta armonía: el arco iris de la Concordia.

Sunday, September 27, 2009

¡Gracias, Juanes!







Los abajo firmantes, deseamos hacer público nuestro agradecimiento a Juanes por su expresión de amor al pueblo cubano. Igualmente compartimos las opiniones a continuación de nuestras firmas, de tres compatriotas nuestros.

Humberto G. Esteve
Pedro L. Guerra
Marcelino Miyares, Miami, Florida
Mickey Garrote, Palmetto Bay, Florida
Oscar Peña, Miami, Florida
René Hernández Bequet, Kendall, Florida
Arnoldo Muller, Miami, Florida
Carlos Manuel Estefanía, Estocolmo, Suecia
Carmen Gamoneda Artiles, Miami, Florida
Eduardo Ojeda Camaraza, Miami, Florida
Juan Antonio Blanco Gil, Ottawa, Canadá
José L. Martel-Álvarez, Miami, Florida
Tony García, Miami, Florida
Manrique Oscar Iriarte Aguilera, Miami, Florida
Ignacio Gallarreta, Miami, Florida
Héctor Caraballo, Miami, Florida
Ariel Hidalgo, Miami, Florida
Caleb Vega, Lauderhill, Florida
Antonio Gordon, Miami, Florida
Sergio López-Miró, Miami, Florida
Arturo Bosch, Miami Beach, Florida
Eduardo Salvado, Miami, Florida
Adrian Leiva Pérez, Miami, Florida
Yankilé Hidalgo Rodríguez, Quito, Ecuador
Felipe Jiménez, Newark, New Jersey
Yvette G. Murphy
Rafael Warry Sánchez, Miami, Florida
Christiaan López-Miro, Miami, Florida
Marlene Arzola, Miami Beach, Florida
Olga Lastra, Miami, Florida
María Cristina Herrera, Miami, Florida
José Pérez Martín, Miami, Florida
Alfredo Sánchez, Miami, Florida
Gladys Sánchez, Miami, Florida
Graciela C. Catasus, Miami Beach, Florida
Teresita Shelton, South Miami, Florida
Zoa C. Ojeda, Miami, Florida
Armando Garrido, Miami, Florida
Martha Hernández, Miami Beach, Florida
María C. Caraballo, Miami, Florida
Lázaro García Cernuda, Miami, Florida
Tete Machado, Miami, Florida
Rachel Rae Alfonso, Miami, Florida
Ernesto Leiro, Hollywood, Florida
Marina Leiro, Hollywood, Florida
Jorge Leiro, Miramar, Florida
Ana Margarita de Solo, Miami, Florida
Olga Díaz Garrote, Palmetto Bay, Florida
Rosa Ortega, Palmetto Bay, Florida
Héctor Paredes, Bay Harbor, Florida
Angélica Suarez, Miami, Florida
Ana Gutiérrez, Palmetto Bay, Florida
Francisco Torres Dip, Miami, Florida
María Emilia Monzón



Una Ráfaga de Aire Fresco recorrió La Habana
Por Uva de Aragón

Por décadas en Cuba se ha utilizado un lenguaje bélico. Hasta los intercambios de ideas son batallas. Ya sea contra los mosquitos o las antenas parabólicas, siempre se están librando guerras. El domingo pasado en La Habana, Juanes y los artistas que lo acompañaron le cantaron a la paz.

Por décadas, Cuba fue oficialmente un país ateo. En su concierto, Juanes les puso el micrófono a los cubanos para que corearan con él “A Dios le pido”.

Por décadas la familia cubana ha estado separada. Olga Tañón le llevó un recado de Miami a Niurka, una mujer anónima allí en la Plaza, cuyo padre no había podido besarla en 20 años. Y todos los que lo escuchábamos en ambas orillas pudimos entender ese drama humano como una metáfora de un país dividido. Por si alguien no lo comprendió, Juanes gritó que la familia cubana era una.

Por siglos ha habido cubanos presos injustamente. Los hubo durante la colonia española, el Machadato, la dictadura de Batista y en grandes números a partir del 1 de enero de 1959. Los hay ahora. También a ellos les cantó Juanes, como cantó a los secuestrados en las selvas de su Colombia natal.

Por décadas los cubanos han oído un discurso monocorde y oficialista. El pasado domingo escucharon un mensaje de cambio, amor en vez de odio, unión de la familia, tolerancia, esperanza en la juventud. Vibró la música; se acallaron las consignas. El pueblo tomó la Plaza. Bailó y cantó a su antojo Agitó los brazos y los pañuelos. Se bebió las canciones y el amor que llevaron los artistas. Los “muchachos” se sintieron protagonistas. Aquello era para ellos y de ellos. Una joven comentó que le habían devuelto su dignidad.

Vi el concierto por televisión en mi casa. Entre canción y canción hablaba con mis hijas, ambas igualmente emocionadas. Hubiera querida estar en La Habana esa tarde, junto a mi pueblo, cantando con ellos a la libertad. Al día siguiente llamé a mi familia en Cuba y supe que muchos en Miami habían hecho lo mismo. Querían comentar la experiencia compartida de haber disfrutado, en Cuba o en la diáspora, el mismo concierto dirigido a todos los cubanos. No cesan de llegarme mensajes electrónicos de amigos en la Isla igualmente entusiasmados.

Claro que no estaban todos los que son y quizás no sean todos los que estaban. Incluso en el público faltaban opositores a los que no dejaron llegar. Como tantos, sueño con un concierto que incluya a Willie Chirino, Gloria Estefan, Albita, Olga Guillot, Marisela Verena, Gorki, Pedro Luis Ferrer y muchos más. Pero el concierto de Juanes ha hecho que ese día esté más cerca.

Naturalmente que no ha cambiado nada en Cuba. La responsabilidad de esos cambios hacia la Cuba mejor que tanto queremos no es de un cantante colombiano sino de todos los cubanos. Pero yo sentí, pese a las altas temperaturas, que una bocanada de aire fresco recorría La Habana y llegaba hasta mi propia casa. No creo que en la historia de Cuba haya habido un concierto semejante. La música, decía el compositor Sindo Garay, es el arte que más une a los pueblos. Para unirnos y no dividirnos debería servir el concierto de Juanes.

Comprendo, respeto y comparto el dolor de los cubanos en el exilio, pero ese dolor no justifica querer negarles a los de la Isla una tarde de música y baile. ¿O es que se puede contonear el cuerpo en el Festival de la Calle Ocho de Miami pero no en la Plaza de El Vedado? Conciliar la historia es gigantesca labor que tendremos algún día que enfrentar, por lo que conviene que antes aprendamos, ya no solo a dialogar, sino a cantar juntos.

Yo, al menos, desde mi casa, estuve en La Habana con mi pueblo el domingo. Gracias, Juanes. A Dios le pido muchos conciertos más, que la música no sólo une, sino ayuda a sanar las heridas. Nos hace falta esa paz sin fronteras que predicas. Basta ya de violencia y odio. Aprendamos de una vez a cultivar con amor la rosa blanca martiana.




El exilio habló y Cuba bailó
Carlos A. Saladrigas



Tras meses de controversia, Juanes concluyó su concierto repitiendo ``Cuba Libre'' dos veces y gritando emocionado que ``hay una sola familia cubana''. También cantó una nueva (al menos nueva para mí) canción que alude a los vientos del mar que traen ``libertad''. Olga Tañón pregonaba que ``era hora de cambiar'', mientras hablaba de una familia cubana dividida hace más de veinte años. Los orishas cantaron una condena a la demagogia y Juanes le envió un saludo afectuoso a ``Silvio el Libre'', dirigido al hijo disidente de Silvio Rodríguez.


Al buen entendedor pocas palabras. En una dictadura represiva pocas cosas se pueden hablar con claridad, pero mucho se dijo este domingo. Juanes no defraudó al exilio ni a la oposición. El dijo júzguenme después, júzguenme por los resultados. Y ya concluido el concierto, es apropiado hacerlo, en vez de anticipadamente como muchos han venido haciendo desde que se dio a conocer la idea del concierto.


Para algunos en el exilio que se opusieron al concierto, nada los hubiera hecho cambiar de opinión ni los hubiera satisfecho. Estos criticaron también la visita del Papa y aún hoy la siguen criticando. Si bien es cierto que a la mañana después del concierto nada cambió en Cuba, ya que el régimen sigue en el poder y los presos políticos siguen injustamente en sus prisiones, esa es una aseveración poco precisa y constituye un estándar muy alto para exigir y juzgar las iniciativas y eventos que ocurran en Cuba. Usando ese estándar, todo lo que el exilio hace y ha hecho ha sido un fracaso rotundo. Es más, aceptar ese estándar inevitablemente nos estanca en el inmovilismo, ya que prácticamente nada llenaría ese requisito.


Hay un estándar mejor para medir la efectividad de estos eventos e iniciativas y que responde a la realidad de Cuba. Este debe servir a tres objetivos fundamentales que son:
• ¿contribuyen a la reunificación de la dividida familia cubana?
• ¿abren espacios, ventanas y oportunidades para el pueblo cubano y para la oposición?
• ¿ponen el enfoque en el pueblo y en su bienestar?


Una de esas grandes oportunidades fue el enfoque de la prensa mundial sobre este evento. En las historias de otros regímenes totalitarios, siempre se añoraban oportunidades como esta de haber tenido cientos de reporteros recorriendo las calles de La Habana, viendo por sus propios ojos la realidad cubana y hablando con gente en las calles y con los mismos disidentes. Ya veremos aparecer reportajes y artículos en las próximas semanas y meses.


También fue una gran oportunidad de prensa para el exilio. Se habló mucho del reclamo solidario de todo un pueblo: que en Cuba se violan los derechos humanos, que hay cientos de presos políticos, y que el régimen escoge qué cubanos pueden o no entrar y salir de Cuba. Pero a la vez otros lanzaban un mensaje de odio y con lenguaje y simbolismos idénticos a los que usa el mismo régimen cuyas atrocidades denunciamos. El tiempo nos dirá si supimos aprovechar esta preciosa oportunidad con sabiduría o si la aplanadora de Vigilia Mambisa arrasó con nuestra imagen y con nuestro mensaje.


Pero además, algo muy importante se hizo evidente con este concierto y es la creciente desconexión entre el exilio y el pueblo cubano. Casi un millón de cubanos, en su mayoría jóvenes, fueron al concierto y terminaron desbordados de agradecimiento a Juanes. Fue un número mayor de personas de las que jamás asistieron a la gran mayoría de los ya olvidados y maratónicos mítines políticos. La alegría de ese pueblo era palpable en sus rostros, formando un contraste diamétrico con aquellos rostros taciturnos que se podían apreciar en las interminables marchas. Fue un momento de asueto, de alegría y de recreo para un pueblo que pocas oportunidades tiene de hacerlo.


El régimen siempre ha procurado presentar que él y el pueblo son uno y lo mismo. Y necios del exilio le han hecho eco. La gran lección aquí ha sido que el pueblo votó con sus pies, y que no es sostenible para la oposición enajenarse de ese pueblo y tratar de bloquearles las oportunidades de apertura y de despejo que se les presenten. El pueblo no es lo mismo que el régimen y esa debe ser el mantra que rija nuestras posturas y comportamientos.


Así me dijo una persona este domingo: ``El exilio habló y el pueblo bailó''. Cada cual hizo lo que pudo y algo cambió en Cuba. Pasito a pasito se llega a Roma.






Correo electrónico del Padre Fernando E. Hería:

Septiembre 25, 2009

Mis Hermanos Todos:

Hace once años, visite nuestra patria por primera vez desde que era un niño de once años; en los próximos días cumpliré 59 de edad y 48 de exilio, soy veterano del ejército Norteamericano [clase de 1970 al 1972], soy educador, jurista y sacerdote, les recuerdo todo eso porque me considero un hombre de Dios, hombre justo, hombre firme, hombre de carácter fuerte, fuertísimo dirían algunos especialmente en lo que corresponde a las creencias que mis padres me dieron, en ese ethos de familia cristiana que me ha guiado desde que nací: amar al prójimo como nos ama Dios.

Hoy amanecí sentimental. ¡Hoy llore! He llorado a pesar de todo lo fuerte que soy. Llore porque leí algo que pensé era un sueño y les digo que he leído muchos y buenos escritos de los miembros de Consenso, de sus grandes expresiones de cubanía, pero hoy llore, es algo inexplicable, llore por algo que pensé que quizás nunca vería hacerse realidad, hoy llore porque mis ojos vieron el amor de Dios en acción en le prójimo, lo vi, con los ojos de mi corazón, con los ojos de mi alma, hoy Dios me permitió vivir ver el logro de nuestras labores: como con prudencia, perseverancia y respeto, en un espacio sagrado, si podemos hablar, discutir y consensuar RESPETUOSAMENTE nuestros diversos puntos de vista politico-social-economico-cultarar-linguistico-etnico-generacional-etc., ver como en un espacio sagrado damos al mundo lo mejor de nosotros, ese ejemplo de cubanía libre y soberanía tal y como no los enseño el Venerable Hijo de Dios Padre Félix Varela y lo anhelaron nuestros Padres de la Patria, José Marti y Mariana Grajales, hoy he leído sobre el Amor de Dios en Acción al prójimo, hoy deseo expresar mis gracias a Carlos Saldrigas y a todos los otros Carlos Saldrigas no tan renombrados que tanto abundad en nuestras filas de hombres y hembras de Dios, de Patria y de Familia, hombres y hembras CUBANAS donde quiera que estén, ustedes reciban la eterna gratitud de un guajiro cubano de vuelta abajo, de Consolation of the South, que como todos, tanto ama la tierra que nos vio nacer.

Mis Bendiciones siempre en Jesús y María.
P. Fernando E. Heria.

Thursday, September 24, 2009

Muchachos, no tengan Miedo


Juan Antonio Blanco

Un puñado de artistas les coló un gol a todos los que creyeron imposible lo que ocurrió el domingo en Cuba.

Ante un millón y medio de personas se habló de libertad, de presos, del exilio, y de una sola familia cubana. Se saludó desde la tarima a los Aldeanos y a Silvito El Libre cuya actuación fue proscrita por el gobierno. Sobre todo, se instó a los “muchachos” –en un país desgobernado por una gerontocracia-- a que no tuviesen miedo, porque es tiempo de cambiar y el futuro es de ellos. Lejos de asumir que el problema que hay atender es el conflicto bilateral entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, los músicos visitantes centraron sus llamados a trascender el conflicto interno que liquidó la libertad y dividió a los cubanos.

Si los artistas hicieron lo suyo el pueblo hizo el resto. Pese al desvanecido trasporte público, inundó la plaza sin que le pusieran buses desde cada fábrica y centro de estudios como se hace para lograr la asistencia a los actos políticos. Ausentes estaban las tradicionales ventas de refrescos y los regalos masivos de camisetas que el gobierno dispensa a quienes suelen agitar banderitas cuando se les convoca a ese espacio. También se escogió la peor hora de un caluroso verano cubano para ofrecer “generosamente” esa plaza a los músicos. Pero nada desalentó a los habaneros. Saltaron por encima de cercas y barandas y se apropiaron de los espacios reservados en primera fila a privilegiados y porristas. El Ministro del Interior tuvo que descender de su auto y pudo caminar hasta su oficina gracias a la diligente acción de sus soldados.

Los que allí dificultaron el paso de los dioses y elegidos eran jóvenes. Los mismos que sólo piensan en largarse del país sintieron que de algún modo se habían apoderado -aunque fuese por pocas horas- de un espacio propio. La plaza en la que se acostumbra tocar himnos marciales y se ensalza la violencia y la muerte fue tomada por jóvenes que cantaron al amor y a la vida. No gritaron todas las cosas que hubiesen deseado, pero disfrutaron sabiendo que en ese breve espacio de tiempo cada minuto era para ellos. La plaza fue de ellos.

Un sentimiento de reapropiación de la dignidad pisoteada –apenas un instante al que puso fin la seguridad-- recorrió la multitud cuando Juanes y Bosé ayudaron a subir a la tarima a un joven negro que, descamisado, ondeaba una bandera nacional mientras ellos cantaban a la libertad. En ese joven humilde que agitaba orgulloso su bandera se vieron reflejados millones de cubanos, de dentro y de fuera, como la gran familia cubana que evocaron los artistas.

Hoy todo es igual en apariencia. Lo mismo sucedió con Woodstock. Los sismos culturales se hacen sentir en plazos dilatados.

Monday, September 21, 2009

La Trascendencia de la Iniciativa del Gobernador Bill Richardson

Por Rolando Castañeda y Lorenzo Cañizares *

El 20 de mayo del 2008 el entonces candidato presidencial Barack Obama estableció un nuevo y diferente temario sobre Cuba. En él indicó el fracaso de la política del embargo, la cual era más antigua que él, la necesidad de un nuevo trato hacia Cuba, y la inclusión y participación de los cubanoamericanos en el diseño de esa nueva política. El temario lo puso en contexto que suele utilizar de que hay mirar hacia el futuro y no hacia al pasado, y que hay voltear la página para avanzar.

El presidente Obama ya ha adoptado algunas medidas significativas en la dirección que propuso. Entre ellas, eliminar las restricciones a los viajes y el envío de remesas de los cubanoamericanos a la isla, iniciar entre ambos países diálogos bilaterales sobre asuntos de mutuo interés (la migración y el correo postal), reiniciar los intercambios pueblo a pueblo en distintas áreas entre ambos países y permitir inversiones estadounidenses en las telecomunicaciones.

Así el joven presidente está atendiendo un clamor de experimentados políticos de ambos partidos y de académicos independientes estadounidenses que proponen terminar una cada vez más anacrónica reliquia de la Guerra Fría. Específicamente, y entre otros, Madeleine Albright, William Ratliff, Larry Schoultz y George Shultz han planteado iniciar inmediatamente, y sin condiciones previas, el restablecimiento de las relaciones políticas, económicas y financieras entre ambos países. Sus planteamientos están en contraposición al de las medidas calibradas, parciales y que requieren reciprocidad que han recomendado otros, entre ellos, el Informe de Brookings, las cuales de facto le brindan el poder de veto sobre los próximos pasos a adoptar en el proceso a las autoridades y burocracias cubanas o estadounidenses.

En agosto pasado surgió el exitoso negociador internacional, gobernador de Nuevo Mexico y el líder hispano de mayor influencia en el partido demócrata, Bill Richardson., quien viajó a la isla en agosto pasado. Richardson le ha dado un renovado y positivo impulso al proceso de cambios entre ambos países para romper la inercia existente. Se reunió en la isla con Ricardo Alarcón y Dagoberto Rodríguez a quienes conocía cuando fue el Representante de EE.UU. ante las Naciones Unidas.

Previamente a su viaje a La Habana Richardson se reunió con cubanoamericanos e indicó que apoya la línea trazada por el presidente Obama en 2008, lo que contribuirá a dos temas fundamentales para facilitar el restablecimiento de las relaciones entre ambos países: terminar la animosidad entre el gobierno de cubano y la diáspora mediante el diálogo y la reconciliación nacional, así como facilitar la reunificación familiar. La comunidad cubanoamericana favorece crecientemente el cambio de la política estadounidense hacia Cuba, así como la reconciliación nacional; y puede y quiere contribuir al desarrollo nacional. La prensa atribuye a Richardson que ya en 1997 se acercó a nuestro compatriota Bernardo Benes para renovar un diálogo fructífero entre las partes que Bernardo gestó en 1978 y que culminó con las visitas de los cubanoamericanos a la isla y la liberación de muchos presos políticos.

Richardson indicó que EE.UU. debe adoptar medidas para liberar los viajes de los estadounidenses a la isla (deportes, cultura, negocios) y ampliar los contactos pueblo a pueblo para desarrollar la confianza entre los dos pueblos vecinos. Asimismo, que Cuba también tiene que adoptar cambios y ser más flexible en las negociaciones. Es prácticamente imposible pedirle a una parte que realice cambios mientras la otra parte rechaza realizarlos. Tiene que haber reciprocidad. Mencionó como pasos concretos ampliar la movilización de los diplomáticos en los países que residen, amplitud y mayores facilidades en los viajes y contactos pueblo a pueblo y comenzar el diálogo entre el gobierno de Cuba y los cubanosamericanos para lo cual se ofreció posteriormente como mediador.

Richardson resumió la situación existente en una rueda de prensa en La Habana y después en una presentación en la Universidad de New Mexico. En La Habana indicó que EE.UU. no le da suficiente atención al tema cubano pues tiene otras prioridades y que la isla es inflexible en sus posiciones. Sin embargo, señaló, como negociador experimentado y exitoso y líder optimista, que hay un ambiente favorable para comenzar el cambio que tomará tiempo y no es fácil, pero que hay que iniciarlo con pasos concretos de ambas partes. En la Universidad de New Mexico comentó su oposición al embargo y a la prohibición de viajes de los estadounidenses a la isla y se ofreció como mediador para un diálogo entre el gobierno cubano y los cubanoamericanos.

Con la Administración Obama, el Congreso demócrata y ahora la iniciativa de Bill Richardson, Cuba tiene la extraordinaria posibilidad de normalizar sus relaciones con EE.UU. Estas le serían de gran beneficio para expandir sus exportaciones de bienes y servicios, en particular para aumentar de inmediato y significativamente los ingresos por turismo. Asimismo, para movilizar las inversiones requeridas para explorar y explotar los yacimientos petrolíferos en aguas profundas del Golfo de México, el gran potencial turístico proveniente de EE.UU. y las ventas de productos étnicos a la población cubanoamericana situada mayormente en la Florida que ascendió a 1.6 millones en el 2007. Incluso podría sentar las bases para que Cuba recupere la base naval de Guantánamo con su valiosa infraestructura. Todo ello podría reactivar y dinamizar considerablemente la economía cubana que tanto lo necesita para superar la presente crisis.

Por lo anterior, consideramos que las autoridades de la isla y los miembros la diáspora deberíamos darle un fuerte respaldo a la iniciativa del gobernador Richardson, sobre la cual ya informó al presidente Obama, para mediar en un diálogo informal entre las autoridades y los cubanoamericanos y establecer una agenda para desarrollarlo sobre bases sólidas, así como adoptar pasos concretos para el cambio necesario. En más de una ocasión el presidente Raúl Castro ha señalado que respeta las opiniones diferentes y que está dispuesto a discutirlo todo. Esperamos que así sea.

* Rolando Castañeda es economista cubano-americano. Funcionario retirado del Banco Interamericano del Desarrollo. Reside en Washington, D.C.
Lorenzo Cañizares es sindicalista cubano-americano. Especialista de Organización para la Pennsylvania State Education Association. Reside en Harrisburg, PA.

Tuesday, August 25, 2009

EE.UU. debe ser Audaz y Normalizar sus Relaciones Con Cuba

Por Rolando Castañeda y Lorenzo Cañizares *

Antecedentes

Cuba está atravesando una crisis cuyos efectos amenazan la sostenibilidad nacional. La población joven, generalmente bien educada, no tiene acceso apropiado a trabajar en sus profesiones y áreas de especialización, está insuficientemente remunerada, no tiene acceso a nuevas viviendas y le es difícil viajar al exterior. Por ello emigra y está renuente a tener hijos. Es imprescindible superar esta situación por la cual la población del país se está reduciendo desde el 2006.

Cuba ha estado muy afectada económicamente por la gran recesión/crisis financiera internacional del 2008-2009. Si bien hay indicios que la crisis a nivel internacional se está superando, todo indica que será lenta y demorada debido al elevado desempleo existente y a varios problemas aún no superados en el mundo industrializado.

El presidente Obama ha señalado que desea establecer un nuevo trato hacia Cuba. Su gobierno ha tomado iniciativas positivas para eliminar las restricciones a los viajes y remesas de los cubanoamericanos a la isla, restablecer el diálogo sobre temas de mutuo interés para ambos países tal como la migración y restaurar los intercambios culturales. Por su parte, el presidente Raúl Castro ha indicado en repetidas ocasiones que el Gobierno de Cuba está dispuesto a discutirlo todo con EE.UU.

Desde el fin de la Guerra Fría hasta el presente, la política estadounidense hacia Cuba se ha caracterizado por las iniciativas para ampliar y profundizar medidas sobre el embargo, el aislamiento y modificar al régimen cubano. Baste citar, entre otras, la ley Torricelli, la ley Helms Burton y la Comisión para Asistencia a una Cuba Libre del presidente George W. Bush. Esas medidas tienen un fuerte rechazo, prácticamente unánime, a nivel internacional como lo comprueban las votaciones anuales sobre el embargo en las Naciones Unidas y las exhortaciones a derogarlas en los conclaves interamericanos.

Propuesta Concreta

Es necesario que EE.UU. adopte iniciativas para transformar la dinámica y la inercia existentes. Específicamente, tal como inició las medidas comentadas antes, derogue sin condiciones previas, el embargo como un paso hacia normalizar las relaciones con el gobierno cubano. Este tipo de acción es apoyado, entre otros, por el secretario de estado del presidente Ronald Reagan en 1982-1989, George Shultz; la secretaria de estado del presidente William Clinton, Madeleine Albright en 1997-2001; William Ratcliff un estudioso del tema cubano del Hoover Institution; la delegación de obispos católicos estadounidense que visitó la isla en agosto del 2009 y por el profesor Lars Schoultz de North Carolina University, quien, en un minucioso libro That Infernal Little Cuban Republic, hace un fuerte y contundente caso para que EE.UU. deje de inmiscuirse en los asuntos internos de la isla, porque sencillamente no le corresponde.

Esta propuesta alentaría que, más temprano que tarde, la clase dirigente cubana actuando por el interés nacional y de sus ciudadanos, aproveche esta gran oportunidad histórica para utilizar la excepcional localización geográfica junto a EE.UU. Su mercado natural que reduce los costos de transporte y comunicaciones y ofrece la posibilidad de complementar muchas actividades con el mayor mercado mundial, el que genera aproximadamente el 30% del PIB global, y que además tiene la capacidad de hacer avanzar a la economía mundial y a Cuba con su propio avance. Adicionalmente, esta oportunidad se presenta en un contexto latinoamericano y mundial muy favorable para concretarlo.

Algunos cubanosamericanos critican al Gobierno cubano, con razón, por no liberalizar la práctica de viajar al exterior de nuestros compatriotas, pero simultáneamente apoyan mantenerla para los estadounidenses, lo cual además de ser contradictorio, atenta contra derechos civiles y humanos básicos. Asimismo, es absurdo y contradictorio solicitarle cambios al gobierno cubano por políticas erradas y fracasadas cuando se apoya mantener otras políticas igualmente erradas y fracasadas.

La propuesta normalización de relaciones no conlleva que EE.UU. brinde ayuda económica u otras concesiones similares al gobierno cubano, pues esto implica una afinidad de intereses políticos que no existe.

Sin embargo, lo propuesto sí significa que Cuba podría recibir de inmediato un importante flujo turístico estadounidense que cambiaria la dinámica económica nacional. Nuestro joven compatriota Rafael Romeu del FMI ha hechos dos serios y detallados estudios que muestran el gran potencial turístico de EE.UU. para Cuba. Ese flujo aumentaría las ventas agrícolas de EE.UU. a la isla para atender la mayor demanda de los turistas y de la población nacional y también permitiría comenzar a explorar los yacimientos petrolíferos cubanos en el mar Caribe que está prácticamente paralizado y que podría transformar las expectativas económicas y financieras de Cuba.

Finalmente, consideramos que también es necesario que toda la nación cubana sea más audaz en nuestros planteamientos sobre el futuro nacional, tal como lo han hecho Albright, Shultz, Ratcliff, los obispos católicos y Schoultz, y lo hizo Julia Sweig, quien aboga por el retorno de la Base de Guantánamo a Cuba. Las discusiones sobre el destino nacional no deben estar constreñidas a los presentes conflictos y desencuentros entre cubanos de la isla y de la diáspora, que se superarán más temprano que tarde, y cuando así sea habrá que realizar esa normalización de todas maneras, al igual que la reconciliación nacional y la reunificación familiar. No perdamos más tiempo.

* Rolando Castañeda es economista cubano-americano. Funcionario retirado del Banco Interamericano del Desarrollo. Reside en Washington, D.C.
Lorenzo Cañizares es sindicalista cubano-americano. Especialista de Organización para la Pennsylvania State Education Association. Reside en Harrisburg, PA.