Tuesday, August 24, 2010

Se acerca la Encrucijada


Por Lorenzo Cañizares y Rolando Castañeda

Nuestro querido amigo y compañero Ariel Hidalgo señaló en uno de sus últimos escritos que nos encontramos más cerca que nunca del triunfo de los más altos ideales del pueblo cubano y en particular de los trabajadores. Estamos en una segunda etapa del proceso revolucionario, o lo que podría considerarse como una “segunda revolución”, porque implica cambios transcendentales. Pero, también dice Ariel, que nos encontramos al borde del abismo, a punto de perder todo lo que se ha avanzado, pues si no se toman las medidas apropiadas urgentes que requiere la crítica situación presente, el sistema puede implosionar y conducir a un capitalismo salvaje como Cuba nunca ha enfrentado. Estamos completamente de acuerdo con Ariel en esta apreciación.

Raúl Castro dijo hace unas cuantas semanas atrás que se van a flexibilizar los controles a los negocios pequeños, dejar cesante a trabajadores superfluos y permitir que se desarrollen negocios por cuenta propia. Aseguró que habrá mejoras en el turismo, la producción petrolera y en las exportaciones. También que la deuda externa está siendo renegociada con los acreedores internacionales a los cuales Cuba les debe entre 600 millones y mil millones de dólares.

No se puede negar que el proceso ha comenzado, pero es muy lento. También hay que reconocer que el proceso político ha dado señales de avance. Un número de prisioneros de conciencia se han puesto en libertad, aunque han sido forzados al destierro. Todos estos pasos para Cuba son de envergadura considerando que el Estado lo controla todo.

Varios de los presos políticos liberados y desterrados fueron condenados por apoyar las reformas del Proyecto Varela. Entre ellas la liberalización de la pequeña empresa y que pueda contratar trabajadores.

Casi todo el mundo en Cuba trabaja para el estado. El desempleo oficial es minúsculo, pero la paga es tan mala que los cubanos se burlan diciendo que el Estado finge pagarles y ellos fingen trabajar. Sin embargo, desgraciadamente, lo que propone Raúl no se puede tomar con certeza. Fidel Castro todavía ejerce no sólo un gran poder sino el mayor poder en la isla. Todo cambio de mayor envergadura en Cuba se tiene que dar a través de un Congreso del Partido Comunista de Cuba del cual Fidel es su líder máximo.

Desde finales del 2009 se viene hablando de la necesidad de un Congreso. Pero obviamente por las diferencias que existen no se ha podido celebrar. Dice el líder oposicionista Vladimiro Roca que el año pasado había expectativas que se celebrara el Congreso ya que se esperaba que Fidel no sobrepasara su enfermedad. Pero al suceder la recuperación de Fidel se ha desarrollado una lucha enconada por el control ideológico del proceso revolucionario. Fidel considera que si Raúl gana esta contienda, un cambio "a la China" borraría su legado histórico. Un legado en el cual se deben reconocer logros educacionales y sociales que la revolución cubana ha podido cimentar. Por ejemplo, Cuba, hoy en día, tiene la mayor proporción de médicos por habitante en el mundo y continua produciendo médicos a gran escala, actualmente hay 200,000 personas estudiando medicina en Cuba y de ellos 24,000 son extranjeros, muchos de los Estados Unidos. También profesores cubanos enseñan a 25,000 personas fuera de Cuba. Esta contribución sólo los cegados ideológicamente son incapaces de reconocer.

¿Como salirnos del atolladero económico? Dentro de la isla y afuera estamos siendo obstaculizados de llevar adelante un programa de unidad que reconozca las posibles contribuciones de cada lado. No hemos podido llevar a cabo una verdadera discusión porque estamos dentro de una camisa de fuerza que no nos permite desarrollar ideas innovadoras.

En el pasado le hemos dedicado mucho espacio a la lucha contra la estrechez del pensamiento político de un segmento del exilio cubano, pero leyendo los escritos de Pedro Campos y muchos otros en kaosenlared, nos cercioramos de que estas discusiones contra la estrechez del pensamiento político son tan fuertes dentro de Cuba como fuera. La izquierda le llama a esta intransigencia, “sectarismo”. Campos le recuerda a esa intransigencia los daños que su forma de pensar le ha causado al movimiento de izquierda en la América Latina en las últimas tres o cuatros décadas.

El sectarismo, de izquierda o derecha, fecunda luchas fratricidas.

La nación pide un esfuerzo común que nos lleve al desarrollo económico que la nación cubana require y se merece. Este esfuerzo está encaminado a proveer un desarrollo económico racional y pragmático basado en las realidades y las experiencias disponibles.

Como hemos dicho anteriormente en nuestro último artículo “Aprendiendo Lecciones”, la excusa del embargo ya está perdiendo su lustre. Mantenerse estáticamente pensando que el patriotismo del pueblo cubano le va a salvar las castañas del fuego a un proceso inmóvil e ineficaz es correr un riesgo de mayor envergadura.

Raúl Castro, dice Pedro Campos, no por gusto ha hablado sobre un partido más democrático, diversificado y con dirección colectiva. Esto, si se hace realidad, pronto podrá ser el comenzo del amanecer de una Nueva Cuba que resuelva positivamente la encrucijada que se nos viene encima.

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